¿Te cuesta decir no sin sentirte mal por ello?

¿Te limitas a  no decir no para mantener cerca de ti a los demás?

¿Cuántas veces dices Si cuándo realmente quieres decir NO?

Imagina por un momento cómo te vas a sentir ante esas situaciones que te incomodan cuándo dices si pero en realidad te gustaría decir NO.

Esto nos pasa muy a menudo.

Ante la invitación de un amigo para ir a algún sitio, ante el pedido de nuestro jefe de acabar una tarea sin previo aviso, o bien ante la demanda de un familiar nos dejamos arrastrar por un sentimiento de culpabilidad por no decir:

–      “No me apetece ir a la fiesta de cumpleaños”

–      “No puedo finalizar esta tarea en la fecha que me dices”

Lo que deriva en una vorágine de pensamientos y emociones negativas, de como voy a decirle NO sin que se sienta mal.

Si actúas de esta manera has entrado en el círculo de la negatividad, insatisfacción, culpabilidad hacía ti misma.

¿Es posible llegar a decir NO cuándo así lo sientes?

¡Si es posible!

Aunque no te voy a negar que no es sencillo ni fácil cuándo llevas tiempo cediendo tu respuesta a favor del que dirán los demás, para que no se sientan mal ellos por tu negación a hacer algo que no te gusta, no te apetece, o simplemente no lo necesitas en ese momento.

Esos miedos e inseguridades nos impiden ser coherentes con nosotros mismos y no respetar lo que necesitamos en cada momento.

Tampoco se consigue de un día para otro.

En cambio si te puedo decir que es un proceso que empieza poco a poco.

1º.-  Introduces pequeños cambios.

Empieza pensando en ti, en que es lo que necesitas, si es realmente algo que te apetece, que quieres realizar y/o puedes

2º.- Identifica aquellas situaciones que dices Si pero realmente quieres decir No.

3º.- Para durante unos segundos y piensa la respuesta que vas a dar antes de hacerlo.

Estamos acostumbrados a dar una respuesta de forma casi inmediata, pero si necesitas un tiempo para dar una contestación házselo saber a tu interlocutor.

Por ejemplo: Ahora mismo no puedo darte una respuesta, déjame pensarlo durante el día de hoy y mañana te doy una respuesta.

4º. – Cumple el plazo dado para dar una respuesta.

Es importante que una vez hayas tomado la decisión se lo hagas saber a la otra persona en el plazo que le hayas dado.

Esto supone un compromiso hacía ti misma y un respeto por la otra persona.

5º. Vuelve a pensar en ti, en que necesitas tú, en que te apetece hacer a TI.

Recuerda ir poco a poco y en situaciones que realmente te generan malestar.

Si de pronto en situaciones en las que habitualmente has dicho SI con frecuencia aunque querías decir NO, tu entorno se mostrará confundido y no entenderá que está pasando.

También puedes comentarles que estas aprendiendo a decir No, que estás empezando a valorarte más, a tener más presente tus necesidades y eso conllevará unos cambios de actitud en ti.

Siempre con un lenguaje asertivo y positivo para explicarles esto.

¿Qué mecanismos entran en juego cuándo decimos NO?

Cuándo quieres decir no y dices “si” te estás robando protagonismo, y no estás teniendo en cuenta tus propias necesidades.

Si quieres comunicar de manera correcta tus respuestas negativas debes partir de la comunicación eficiente con los demás, expresar lo que realmente quieres decirles.

Hacerlo en el momento adecuado, con empatía y además dejar una imagen positiva ante ellos es el punto de equilibrio de cualquier relación social.

Se trata de un proceso complejo, en el que debemos articular habilidades aprendidas como la escucha activa y talentos naturales como el dominio del lenguaje oral y gestual, el don de la oportunidad, la adecuada gestión de las emociones, el encanto personal.

En este proceso hay que combinar la tolerancia necesaria para aceptar y entender al otro, con la capacidad de expresar nuestras opiniones o preferencias, es decir, cultivar nuestra asertividad.

A muchas personas le resulta difícil decir no, para ellas dar una respuesta negativa les supone un esfuerzo, suelen ser personar empeñadas en caer bien a los demás, quieren ser tolerantes, comprensivos, amables, delicados, etc.

Además suelen ser personas en las que la timidez y el déficit de autoestima son problemas añadidos a la hora de decir que no.

Hay que diferenciar entre no contrariar a nuestros interlocutores porque coincidimos con sus propuestas, opiniones o planteamientos y entre hacerlo por sistema, siempre y en cualquier circunstancia.

Cuando no manifiestas tu desacuerdo, cuando discrepas en cuestiones importantes, o si haces lo que consideras inapropiado o lo que resulta perjudicial para tus intereses, estas anteponiendo las necesidades, opiniones o deseos de los demás a los tuyos.

Esto puede causarte problemas de autoestima, y puede trasmitir una imagen de personas con poco criterio.

Posiblemente lo contrario a lo que realmente quieres transmitir, como coherencia, personalidad,

También puede ocurrir que tras esta conducta complaciente puede hallarse la creencia de que llevar la contraria o no aceptar tareas que consideramos incorrectas o que no nos corresponden conduce a que se nos vea como egoístas.

¿Por qué se tiene miedo a decir no?

 Algunas personas sufren cada vez que se han de negar a algo, bien sea por miedo a defraudar las expectativas de otros, bien por temor a no dar “la talla” o a no saber argumentar su negativa, o por simple pereza y comodidad.

Se trata, en definitiva, del miedo a no ser valorados y queridos.

Nuestra necesidad de ser valorados, atendidos y tenidos en cuenta, puede llevarnos a mostrar una constante disponibilidad a todo, lo que nos sume en una dependencia no sólo de los demás, sino de esa imagen desde la que actuamos, dejando de ejercer nuestro derecho a decir “no”.

Esa dependencia dificulta nuestra evolución personal, dinamita nuestra autoestima e imposibilita el libre ejercicio de la responsabilidad que propicia unas saludables y equilibradas relaciones de interdependencia con los demás, en las que decimos “sí” cuando lo consideramos adecuado y en las que mantenemos vigente la posibilidad a decir “no”.

IMPORTANTE: Ser nosotros mismos, ¿Cómo puedes conseguirlo?

 –      Conecta con tus necesidades

–      Atiende a lo que quieres y necesitas.

–      Prioriza el cómo estas en cada momento y situación.

De este modo te “obligas a saber decir “no”.

En ocasiones, decir “no” es necesario para conocerte, y mostrarte al mundo tal como eres.

Desde la empatía, es decir, teniendo en cuenta la situación de tu interlocutor podrás tener unas relaciones de autenticidad, en las que impere un diálogo más veraz, fluido y constructivo.

Hay demasiadas relaciones vacías, formales, vestidas de cordialidad y buenos modales que no llevan a buen destino y restan energía.

Una cosa es la sociabilidad y otra muy distinta, la hipocresía del “quedar bien” a toda costa.

CONCLUSIÓN:

– Di “no” cuando quieres decir “no”

– No te sientas culpable por decir “no”.

– Da  prioridad a tus necesidades

– Ten en cuenta tus opiniones y deseos.

No es una manifestación de egoísmo, sino de responsabilidad, autoestima y madurez.

Decir “no” cuando lo consideramos justo o necesario es la mejor forma de comprobar en qué medida se nos valora y se nos quiere por cómo somos en realidad.

Permítete verificar que tus negativas no sólo no rompen vínculos con los demás, sino que plasman un compromiso de sinceridad, respeto hacia los demás y hacia nosotros mismos, responsabilidad y autenticidad.

Si ejercemos nuestro derecho a decir “no”, podremos pensar que los demás hacen lo propio, y asentaremos una comunicación más fiable, veraz y fluida.

Dado que ya sabes que otro pilar fundamental para una sana autoestima es aprender a decir no cuándo así lo sientes.

¿Cuándo dirás NO queriendo realmente decir no?

¡Te leo en los comentarios!

 

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